Por Noelia Buttice

 

Había una vez una historia, un pueblo y unos lapachos.
La historia cuenta que el pueblo acostumbraba perder su memoria.
Así como vemos caer las noches y las lluvias, los dientes de leche; naturalmente los habitantes dejaban caer su memoria en los grandes almacenes del olvido.
Los almacenes del olvido apilonaban recuerdos de variadísimos colores y tamaños, tiempos felices y amores, sueños y andares, guerras y calabozos, torturas y desencuentros.
En los grandes almacenes del olvido, había pedacitos de memoria que las personas dejaron caer en sitios verdaderamente asombrosos: las patas de las palomas mensajeras y las plazas, los bares y las urnas electorales, las iglesias y hasta en las almohadas.
Tanta memoria acumulada en los almacenes del olvido, la gente se miraba y no se reconocía.
Vecinos que compartieron veredas y tereré, pandorgas y pesebres, se cruzaban por la calle y no se saludaban.
Las balitas se olvidaban de los niños, las plazas, de la gente, la boca, de la palabra, y los ladridos, de los perros. Peor aún, nadie recordaba por qué no recordaba.

 

Ocurrió entonces, como siempre ocurre a esta altura de las historias, que mucha gente de este pueblo estaba haciendo compras y paseando en un gran almacén. Ocurrió también que se desató un incendio. En pocos minutos la fiebre devastadora del fuego y la avaricia del dueño, ardió vidas y cosas cuando ordenó cerrar las puertas para que no escaparan las mercaderías.
Fue un día tan triste, pero tan triste, que hasta el asfalto lloró.
Con todo, brazos y abrazos ramificaron del tronco olvidado del pueblo. La memoria liberada del almacén del olvido, comenzó a florecer colectiva con los lapachos de agosto.
Cada árbol fue plantado en memoria de una persona.
Dicen los que sienten, que las ramas de los lapachos simbolizan los brazos solidarios de las personas que desde ese día no han dejado de encontrarse.
Si hacemos silencio y despacito acercamos la oreja a los árboles, quizás escucharemos que no dejan de pedir:
Justicia. Justicia.
 
Las opiniones vertidas por los autores en estos documentos son de su entera responsabilidad
y no representan necesariamente las opiniones de las instituciones que realizaron la investigación.